La sociedad “Euskal
- Erria” de Montevideo dio un gran paso cuando se preocupó de que una comisión
de señoras se anexionara a ella. Así, el 17 de agosto de 1912 quedó constituida
esta primera Comisión de Damas que con su trabajo, convenció a aquellos que
miraban con desconfianza el nuevo organismo.
A los pocos meses de comenzar su andadura, ya contaba con un buen contingente de asociadas cotizantes y los reglamentos iban en camino de cumplirse. “Beneficencia e Instrucción” serían las bases de esta sociedad. Pero sobre todo, este grupo de mujeres pensaba en aquellos vascos que ya en la vejez y no teniendo la posibilidad de volver a su tierra de origen, contaran con un lugar donde vivir plenamente su última etapa de vida.
Así, tal como señalaba la revista “Baskonia”, “Los baskos,
viejos y derrotados por la vida, no tendrían necesidad de concluir sus días en
un asilo extraño. Tendrán su casa en el asilo de Euskal-Erria y morirán oyendo
la lengua que aprendieron de niños”.
Así pues, Aires
de Baskonia para los desheredados de la suerte y respecto a la educación se
señalaba que “los niños de los vascos, ricos y pobres, tendrán el colegio, templo
del saber. Donde se enseñarán todas las ciencias y también el Baskuenze el
lenguaje de Aitor que no debe morir”.
Ciertamente, este grupo de mujeres se había fijado unos objetivos tan claros como ambiciosos. Las energías no les faltaban, y como ejemplo citaremos por ejemplo que cuando en aquellos años, el Bidasoa había asolado las comarcas que riega, de todas partes de América, donde había vascos, se levantó la voz de la condolencia y de la solidaridad y la Sociedad de Señoras que hacía poco se había constituido, envió su auxilio a las personas en desgracia.
De igual manera, durante la Primera Guerra Mundial cuando se truncó la vida de tanto vasco, las señoras de Montevideo aportaron algunos miles de francos para todas las familias de los caídos.
¡Ah! Y todo esto sin desatender el fin primordial de su
Fundación, pues en absoluto se tocaron los fondos de la Sociedad. Se hicieron
propietarias de los terrenos donde se alzarían los anhelados pabellones y la
escuela no tardó en abrir sus puertas.
Su primera
presidenta fue Manuela I de Inciarte a la que secundaron Manuela C. de caminos.
Baldomera I de Zabaleta, Ignacia L. de Aztis,
Antonia E de Maiescurrena, Micaela E. de Larrainzar, Micaela Z de Lizárraga, Joaquina de Juanotena, Dolores S de Gortari ,
Clementina Lizaran, entre otras.


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