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lunes, 7 de julio de 2025

BILBAO: EPICENTRO DEL TALENTO, ARTE Y NEGOCIOS

 

Foto de José de Orueta. En el Arenal 1897. Paco Saralegui, Leopoldo Díaz, Enrique Urigüen, Fernando Zabalburu, Pepe Ortiz de la Riva y Alfonso Carellas

El final del s.XIX y principios del s. XX en Bilbao, fue un momento de revelación de grandes artistas e intelectuales. Se trataba de un grupo de jóvenes talentos inquietos por la cultura que se reunían (bajo el nombre de Txoritoki primero y Kurding Club más tarde) y estaban al tanto de los movimientos que se desarrollaban en París. 


Foto de J de Orueta. Billar del Kurding Club. De izda a drcha: Emilio Saracho, Emilio Vallejo, Nanón Gorbeña, Manuel Losada, Juan Basterra, Pacho Puente, Pepe Urigüen y José Allende pintado en el panel de la pared al fondo

Un rincón inolvidable era, según contaba José de Orueta, el estudio de Adolfo Guiard. Se trataba de un piso alto de la calle del Correo, donde poco antes lo tuvo Enrique Salazar. Adolfo había llegado de la capital francesa por aquellos años y traía un bagaje de impresiones de arte inagotable. 

Adolfo Guiard trabajando en la Punta de Zorroza. 1898. Foto de José de Orueta

Allí había tratado a mucha gente valiosa y perteneció a una piña íntima de amigos, entre los cuales estaba Emilio Zola. Así, disfrutaban de divertidas discusiones y revelaciones  sobre Manet, Degas, Claude Monnet, Pissarro, Rafaelli, Gauguin, Puvis de Chavanne, con sus recientes decoraciones de la Sorbona y el Panteón; impresionismo, clasicismo, prerrafaelismo, puntillismo, todo salía a colación en ensalada y con la verbosidad y amenidad que Adolfo daba a sus charlas. 

Adolfo Guiard. "Aldeanita" 1890

Un dibujante exquisito y elegante, colorista fino, de retina delicada, siempre enamorado de matices suaves y nacarinos. Con fina ironía decía cosas lapidarias sobre las cosas que en arte o en costumbres no entraban en sus convicciones. Le irritaba el falseamiento de la vida y la pérdida de la naturalidad ingenua, aborreciendo todo lo artificioso en lo personal. 

Adolfo Guiard. Cuadro que adornaba  su estudio y donde se reunían titulado "Joven en Primera Comunión" y pintado en la época de París

Gracias a las entrañables crónicas del Bilbao de aquellos años de Orueta, que formaba parte de dicho grupo, cosas inolvidables y deliciosas le oían allí, donde, colgada en la pared aquella delicadísima «Joven en primera comunión», que había pintado en París,  y preparaba los dibujos de las elegantes y esbeltas figuras de perros y cazadores y las de la terraza de Las Arenas, para los paneles de la Sociedad Bilbaína.

"El chimbero". Anselmo Guinea

Por entonces, Anselmo Guinea, temperamento opuesto al de Adolfo, irónico y tranquilo, pero lleno de encanto también, había llegado de Italia y fue más tarde por París. Pintaba sus paisajes de Deusto azulados y dulces y, sobre todo, sus espléndidas acuarelas, que tanto seducían por su brillante colorido. Poco más tarde vino Darío Regoyos, otro enorme colorista, revolucionario entonces, uno de los quince independientes de Bruselas, que dejó obra indeleble y abundante y rastro magnifico en el progreso entre nosotros del color en el paisaje y del dibujo del movimiento.

Vista panorámica de Bilbao en 1878

Echena, más italiano en su manera y colorido. Enrique Salazar, que tenía talento, pero nos tenía sometidos a eclipses de trabajo, ya que en grandes temporadas abandonó la pintura. También señala a Juan de Barroeta, excelente pintor y retratista principal de Bilbao, cuyos cuadros son tan estimados, porque aun sucediendo a su padre, también pintor, era más bien de la generación anterior.

Bilbao. El Arenal y puente 1872

Manuel Losada empezaba, y era aún un aficionado sobresaliente, cuyas obras no salían de su casa y sus amigos. Sus dibujos a pluma eran alabados y sus cuadros iban ya formándose. Poco tiempo después fue a París a Estudiar, y a su vuelta tuvo su estudio en la Gran Vía, que frecuentaban mucho también. Raro era el mes que no se expusiese alguna primicia de pintura local en el escaparate de Velasco, de la calle de la Sombrerería, que era en aquellos años el lugar de estas exposiciones.


Retrato de José de Orueta por Ignacio Zuloaga.1893

Entre aficionados, los había en pintura y dibujantes de la talla del exquisito Juan Rochelt, cuya obra admirable de dibujos y cuadros es aún hoy casi desconocida por su gran modestia, que dejó impuesta a su familia.

Pepe Amann (José Isaac) que, a sus muchos dones como organizador y hombre de negocios, unía un talento de dibujante formidable y extraordinario, y de quien, por la amabilidad de sus hijos, puedo dar en este tomo una muestra de sus dibujos al lápiz.

Germán Aguirre, dibujante también, y del cual, por cierto, encontró más tarde el general Castellón un álbum de dibujos en casa de un reyezuelo de una isla poco poblada de Filipinas, sin que pudiera averiguar jamás, cómo ni cuándo fue a parar allí. Entre la familia de Rochelt y Amann había según cuenta Orueta, también cantidad de buenos aficionados, tales que Luis y Rafael Rochelt, don Ricardo, Gustavo y Oscar, hijo del primero.

Ese era el rincón y esos eran los hombres que, con gran brillantez, sostenían entonces muy alto el pabellón del arte de pintar en Bilbao, y que para su época iba en avanzada del resto de España, siendo semillero que fructificó en la brillante pléyade de artistas vascos que luego han honrado al país. 

Todas estas interesantes revelaciones, por supuesto,  no serían conocidas sin que alguien las hubiera contado. Alguien que vivió de primera mano este palpitar e inquietudes intelectuales y culturales del momento. Surgieron con el tiempo, la Asociación de Artistas Vascos, la Sociedad Filarmónica de Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao entre otras instituciones relevantes.

No era aquel ambiente de Bilbao según Orueta, el adocenado de una escuela decadente, sino algo fresco y chispeante, de gente joven e inteligente que traía en sí savia y vigor.

 

sábado, 29 de marzo de 2025

CUANDO BILBAO FUE VENECIA

Tiene la Sociedad Bilbaina en sus salones verdaderas obras pictóricas que retratan un Bilbao digno de recordar. Entre los cuadros del pintor Bilbaíno Manuel Losada, que son numerosos, hay uno que siempre llama la atención del observador por su temática. 


Foto: L.Zabala

Dicha obra lleva por título: “Góndolas en la plaza Nueva” y es que Losada recogió un suceso digno de mención que ocurrió en el año 1872 cuando se celebró en la Plaza Nueva de Bilbao una fiesta nocturna veneciana con góndolas incluidas, para festejar la visita a Bilbao de Amadeo de Saboya, Rey de España.

Foto: L.Zabala

En la crónica  escrita  sobre este hecho por el periodista bilbaino Carlos Bacigalupe en 2005, se recordaba que el escritor Esteban Calle Iturrino en 1946 recogió el testimonio de Don Eusebio Scala, un ciudadano bilbaíno que tuvo el privilegio de estar aquel día en una de aquellas góndolas. Muchos a lo largo de estos años se han mantenido incrédulos sobre la veracidad de dicha fiesta dada la dificultad de inundar la plaza nueva de tal forma que se pudiese navegar por ella, pero es cierto que en 1872 la Plaza Nueva era diferente y tenía en primer término, al pie de las arcadas, una franja de sed de césped de poca altura y, a continuación, tres escalones que descendían a un foso de cierta profundidad. Así es como pudo haberse realizado una plaza navegable sin que el agua entrara en los soportales

¿Pero, de dónde partió esta ocurrencia? Parece que fueron los tertulianos del café suizo. Así, los sumideros de la plaza fueron taponados para poder inundar el recinto. El testigo evocó que la plaza estaba deslumbrantemente adornada y que numerosos muchachos y muchachas de Bilbao pasearon en ellas lo mismo que él y sus hermanos mayores que entonces vivían en la plaza.

Aparte de esto, una magnífica fiesta veneciana celebrada con motivo de las fiestas de agosto de 1879. Pero naturalmente, el desfile tuvo lugar por la ría. En ella intervinieron una serie de góndolas conducidas por personajes ataviados a la usanza. Y fue un auténtico espectáculo.


martes, 12 de abril de 2016

UNA TARDE DE MUSEO EN BILBAO

                  De vez en cuando nos apetece releer un libro y ver de nuevo una película de esas que dejan rastro en nuestro corazón.
              Revisitar el museo de Bellas Artes de Bilbao de vez en cuando y ver su exposición permanente de los clásicos es para mi uno de los mejores planes con los que nos podemos regalar cualquier dia de la semana.

A continuación presento algunas de las obras a las que siempre vuelvo.









                Me gusta la idea de saber que "están ahí" siempre que quiero......Juan de Echevarria, Gustavo de Maeztu, Benito Barrueta, Angel Larroque, Aurelio Arteta, Alberto Arrue, Manuel Losada, Jose Arrue, Valentin de Zubiaurre, Ramon de Zubiaurre o Ignacio Zuloaga nos reciben y saludan con sus obras y envuelven la atmosfera de Museo con un halo de buen gusto, estilo, técnica y sentimientos