Mostrando entradas con la etiqueta Puente de la Merced. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Puente de la Merced. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de agosto de 2025

LOS PUENTES COLGANTES DE BILBAO

 

NO hay en el mundo

Puente colgante

Más elegante

Que el de Bilbao.

Decía la canción, y no se refería aún al Puente de Bizkaia o de Portugalete precisamente, sino que había en Bilbao a finales del s.XIX, dos puentes colgantes: el de San Francisco, donde luego se construyó el de hierro, y el de la Naja, entre el de la Merced, que entonces era una pasarela de madera, y el del Arenal, como se cita en las memorias por ejemplo de José de Orueta que cuenta con detalle cómo eran.

Vista panorámica de Bilbao en 1878

Los dos eran a cuál más elegantes y airosos, y muy especialmente el de la Naja.

"Hubo muy buen sentido al hacerlos" dice Orueta, pues en aquella parte de la ría, los aguaduchos o riadas, por ser sitio estrecho, se llevaban por delante todos los pilares imaginables, como le pasaba al de la Merced.

El puente colgante de La Naja en 1781

Pero si la obra de ingeniería era buena, la decorativa y artística era más feliz todavía. Tenían pilares de apoyo para los cables en las dos orillas, unidos por arcos, y más altos en el lado de Abando, y éstos estaban decorados con armas y escudos en colores, de muy buen efecto, sobre la piedra sillar de Motrico, de que estaban hechos.

La Casa de Mazas en construcción y el puente aún con ojo móvil alrededor de 1860

Se cimbreaban graciosamente con el ritmo del paso de los peatones, para quienes era solamente; y en el de San Francisco, cuando pasaban por él y hacia el cuartel las tropas, que aun al paso de camino eran un esfuerzo para el puente, era una delicia para los jovencitos disfrutar del zarandeo.

El piso de tablas, flexible, se ondulaba de un lado al otro en el largo, y se veía la onda pasar de un pilar al de enfrente.

Dos bombas carlistas, de 1874, cayendo sobre sus cables y tableros, acabaron con ellos, y ya no se reconstruyeron más, sin duda por necesitarse ya de paso rodado y piso más sólido.

Todavía, y hasta los últimos años del siglo XIX, estaban en pie, junto a la calle de Bailén, el arco y pilares soberbios del de la Naja, con sus armas de Abando policromadas encima; y era una cosa rara aquel arco que daba en la ría, al vacío, tan suntuoso y con armas, sin que quedara ya rastro en la orilla de enfrente de la Ribera, de puente alguno. No se lo explicarían fácilmente los forasteros que nada sabían del puente colgante que allí hubo.

Así, luego, a José de Orueta le contaba un amigo que vivía en la Ribera y enfrente, y así lo dejó por escrito que "un día que él salía de casa, flaneaban divagando, en un descanso de sus ensayos, unos coristas de ópera italiana, que funcionaba entonces en el teatro; y que, parados en la orilla, miraban asombrados al monumento aquél, preguntándose: «Ma, ¿que cosa é questa?». Y uno de ellos, el más instruido, o de más imaginación, de la partida, dio enseguida con la explicación: «Questo, questo, é la tomba d'un cavalier»." y sigue: 

"Años después, se derribó la «tomba» y quedaron sólo el recuerdo y  la canción de aquellas dos airosas y

preciosas construcciones del cultísimo Bilbao, que entonces era

«nuestro Bocho», en punto a urbanización sobre todo".

martes, 7 de enero de 2014

LA LEYENDA DEL PUENTE DE LA MERCED DE BILBAO

Si de leyendas se trata, aquí va una que tiene su encanto....

En el Puente de la Merced (Casco Viejo) hay ocho bellas farolas de fundición con unos curiosos seres alados. Cada farola tiene dos de ellos. Dicen que si tocas su pecho o lomo con una caricia, te beneficiarás de su protección en el amor y  la buena suerte

Foto: L.Zabala

Pues bien, cuenta una leyenda del año 1.400 que en la época  existían unos seres con alas que vivían en las zonas boscosas del actual barrio de San Francisco y que de vez en cuando iban a visitar las antiguas tierras que ellos poblaban:  los arenales y las calles de la nueva Villa de Bilbao.


Foto: L.Zabala

Estos seres, según cuentan, siempre iban en pareja y se acercaban a quienes estaban solos o desamparados y cuando  les rozaban con su pecho, lomo o cualquier parte de su cuerpo, transformaban el ánimo de las personas que de esta forma pasaban a sentirse más afortunadas y queridas y así encontraban amor y suerte en la vida.

La oficina de turismo de Bilbao de la plaza circular ha recuperado esta leyenda y allí podéis encontrar bellas postales  (gratuítas)en gran formato con la leyenda impresa.